¡Es la pobreza, estúpido! Omar Enrique García-Bolívar *
Para recordarse que el asunto más importante en la campaña presidencial de 1992 era la economía, Bill Clinton acuñó el lema “es la economía, estúpido”. Hoy en América Latina y en Venezuela en particular, el lema debería ser “es la pobreza, estúpido”. Con 360 millones de pobres, donde el décimo de la población gana el 48% de los ingresos, América Latina lidera mundialmente en materia de desigualdades. Las consecuencias de esa desigualdad las vivimos en los campos políticos, económicos, sociales, ambientales, morales y psicológicos.
¿Y qué hacer? No hay fórmula mágica de erradicación de la pobreza, pero si encomiables esfuerzos. Uno de ellos tiene que ver con la potenciación legal de los pobres, por el cual las Naciones Unidas creó una comisión, co-presidida por Hernando De Soto y Madeleine Albright. Bajo el argumento que los pobres son tales porque son privados de las oportunidades y de las posibilidades de progresar, se ha desarrollado toda una teoría que plantea el reconocimiento efectivo—más allá que teórico-- de derechos fundamentales de los pobres, tales como la propiedad, y el desarrollo de mecanismos para usarlos.
Así, se ha sugerido el reconocimiento de los derechos de propiedad sobre las tierras poseídas precariamente, y el reconocimiento del derecho de propiedad sobre intangibles, tales como negocios, cosechas, cuentas por cobrar, y la posibilidad de otorgar los mismos en garantía de una manera simple, expedita y segura. También se ha sugerido la reducción drástica y sustancial de los pasos para registrar una empresa, así como el desarrollo de mecanismos eficientes, accesibles y breves de solución de controversias entre los pobres.
Una sugerencia de particular relevancia para Venezuela, ha sido la de otorgar participación directa en la propiedad de los recursos naturales a todos, sin la intermediación del Estado. Se alega que siendo propietarios de títulos comerciales cuyo valor esté atado a los recursos naturales – vgr, acciones de un fondo-- los ciudadanos del país en general y los pobres en particular, podrían estar en capacidad de acceder al crédito con garantía de sus títulos o transarlos libremente a cambio de una contraprestación.
Las potencialidades de ésta sugerencia son infinitas y ya han sido probadas. Noruega, por ejemplo, creó en 1996 un fondo del cual los ciudadanos tienen algún tipo de propiedad transable en el mercado. El fondo se capitaliza con los ingresos petroleros, pero también invierte en negocios rentables fuera del país. El fondo contribuye con el tesoro nacional vía impuesto y hace contribuciones específicas de carácter social. Los ciudadanos, además de esos beneficios, perciben la revalorización de sus títulos y los dividendos. El valor del fondo este año fue de $ 380.000 millones; una riqueza de la cual todos los noruegos son propietarios de verdad verdad.
Se ve entonces no hay mejor remedio en contra de la pobreza que la riqueza, sobretodo si se es dueño de ella. En Venezuela sería muy interesante considerar un esquema de potenciación legal de los pobres con todos los recursos naturales, donde cada quien sea propietario directamente de una porción, de suerte que pasemos de tener una economía con riqueza de algunos, a una con riqueza para todos.
*Ha asesorado a la Alta Comisión de las Naciones Unidas para la potenciación legal de los pobres.
11 de Julio del 2008 |